Pablo Berástegui


 
La pregunta: ¿Cómo, desde tu experiencia y perspectiva, las prácticas artísticas construyen esfera pública?
 
Cualquier práctica artística tiene en potencia la posibilidad de crear esfera pública y desde mi experiencia o desde lo que he podido contribuir como productor cultural, veo que existen dos formas muy concretas: una directa y otra más indirecta.
 
En la indirecta incluiría esos proyectos en los que he trabajado con artistas que construyen espacios en los que se pueden favorecer encuentros para la discusión y para abordar las cuestiones que tienen que ver con “lo público”. Dentro del proyecto Donostia 2016, podría citar dos ejemplos que me vienen especialmente a la cabeza. Uno sería Tuiza de Federico Guzmán, que se presentó en Madrid y consiste en una intervención artística que sirve de ágora donde tienen lugar un enorme número de actividades que permiten reflexionar sobre el postcolonialismo, el rol de la mujer, etcétera… La obra en sí misma genera ese espacio que favorece la construcción de esfera pública, pero es adicional ya que no solamente está la obra sino que además el artista crea el contexto. Y en esta misma línea, otro ejemplo un poco más sutil es el trabajo de Maider López Fuentes/Iturriak. Este es un proyecto que hemos presentado recientemente en el que a parte de todo el discurso que contiene la pieza (recuperación de la memoria, etcétera) lo que está generando finalmente es un espacio común en el que los ciudadanos y visitantes de la ciudad pueden interactuar entre ellos y reflexionar sobre cuestiones que varían desde el urbanismo y la historia hasta otras cuestiones que pueden servir incluso para hablar de la capitalidad, y plantear debates que pueden incidir en la idea de construir esfera pública.
 
Y en cuanto a la manera directa, estaba leyendo el trabajo de un artista que me interesa, Fernando Sánchez Castillo. Sería un ejemplo de aquellos artistas que ejercitan al máximo la función crítica que puede tener el arte. De alguna manera hacen el trabajo directo de regulación a la autoridad, de intentar acotar las acciones del estado, un trabajo de control que en el origen de cómo se entendía la esfera pública se ejercía por parte de los ciudadanos. En estos casos son los artistas quienes directamente trabajan desde esa posición crítica. Y leía sobre Sánchez Castillo, porque me ha interesado mucho la última pieza que hecho en la Sala de Arte Público Siqueiros en Méjico, y me parecía muy interesante el título de sus tres intervenciones en torno a la matanza de la plaza de Tlatelolco, Hoy también fue un día soleado, que es la estratagema de los medios de comunicación para ocultar los sucesos dramáticos que habían acontecido. Alude al rol que los medios de comunicación pueden usar a veces para hacer desaparecer justo los sucesos que el estado no quiere, la autoridad no quiere. Y en un plano más cercano a mi experiencia también me venía a la cabeza el proyecto del colectivo mejicano Tercerunquinto que hicimos para Matadero. Fue realmente un reto importante porque ponían en relación las relaciones entre el poder (en ese caso municipal, de urbanismo) y los barrios de chabolas donde se vende la droga. Se trataba de generar un vínculo que consistía en recoger las piedras y colocarlas sujetando las puertas de los despachos de diferentes personas con poder municipal, para que tuvieran en cuenta esa reflexión directamente quienes son legisladores y tienen capacidad de tomar decisiones.